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Radio Cumbre - En la Cumbre de la Comunicación

Adiós, señor recolector

Por Mónica Bareiro

Veintiún kilos de basura por semana era lo que “producía” una familia de apenas cuatro integrantes. Ahora ese peso se redujo a cuatro kilos. El 80 % restante será compost para la huerta que tienen en el patio de su casa, en la ciudad de Areguá.

 Dos basureros. Todo el ciclo comienza con algo tan sencillo como esto. Dividir la basura orgánica de todo lo demás. “Es fácil, pero no tenemos aún la cantidad de divisiones que hay, por ejemplo, en otros países en los que se apartan plástico, vidrio, papel y lo orgánico. En el Paraguay todavía va todo al mismo vertedero”, explica Jorge González.

Jorge y su pareja, Magalí Casartelli, son comunicadores y tienen dos hijas. Hace unos meses dejaron el barrio Sajonia para instalarse en la ciudad de Areguá. Fueron en busca de una escuela para las pequeñas, pero, especialmente, tras el sueño de una tierra fértil para su huerta familiar.

Su trabajo cercano con organizaciones de soberanía alimentaria les acercó al mundo de la alimentación, empezaron a prestar más atención a lo que consumían, especialmente con la llegada de su primera hija. Decidieron empezar comprando directamente de los productores y, más tarde, con una planta de tomate en el balcón del departamento que alquilaban. Pero este espacio pronto les quedó chico y empezaron a replantearse el futuro familiar.

“No somos veganos ni vegetarianos, simplemente queremos cuidar lo que comemos y damos de comer a nuestras hijas. Al principio, puede parecer complicado, pero comer de manera consciente pronto se convierte en hábito”, comenta Jorge.

Poco a poco, y haciendo contacto con otras personas que buscaban lo mismo, se animaron a tener su propia huerta, a prepararse sus propios alimentos e ir descartando aquellos productos muy procesados. Para eso, la vida en un departamento era incompatible con el estilo planteado.

Cuando se mudaron, y ya con espacio suficiente para más actividades, descubrieron que podían hacer su propio compost (abono orgánico), que está considerado como el mejor abono para la huerta y de manera completamente natural. El área destinada a esto es de aproximadamente, 2 m x 1 m.

El proceso de compost dura unos seis meses y recién luego de este tiempo podrán emplearlo para sus cultivos, pero lo que notaron con mucha rapidez fue que el volumen de basura que sacaban disminuyó drásticamente y eso los llevó a otro desafío: reducir los desperdicios.

Para empezar esto, hicieron un experimento y la última vez que sacaron su basura, de manera “convencional”, pesaron las bolsas. En total, eran 21 kg de desechos que irían a parar a un basural y gran parte de ello permanecerá en el planeta por varios años más, debido a que la descomposición de materiales, como las bolsas de hule, duran unos 150 años.

Ahora, reciclando y reduciendo al máximo, las bolsas que sacan para el camión pesan menos de cinco kilos. “Esperamos que, en algún momento no lejano, podamos llegar a no tirar absolutamente nada”, señala Jorge.

“Todo esto es como una cadena que en nuestro caso se dio de manera muy natural y realmente estamos felices de transmitirle eso a nuestras hijas. Ellas ven cómo elegimos lo que comemos, cómo nos esforzamos al máximo por evitar productos envasados con demasiado plástico y esto se convierte en un hábito”, señala Jorge.

Magalí explica que, muchas veces, se piensa que para hacer esto se necesita tener mucho dinero, pero asegura que se trata de completamente lo contrario, porque al tener una huerta propia se reduce un gran porcentaje de los gastos familiares diarios. “Hay que reconocer que, para esto, vivir en un pueblo como Areguá también es una ventaja, porque se consiguen productos caseros de granja; la vida es más simple y no hay tanta influencia de consumo como en las ciudades grandes”.

En este tiempo, la cocina se ha convertido en el lugar de reunión familiar por excelencia. “Cocinamos todos juntos, nos animamos a probar recetas cada vez más arriesgadas y disfrutamos de ese proceso. Si queremos unas hamburguesas enormes y apetitosas, las preparamos nosotros mismos. El secreto es hacer que todo se disfrute”, añade Magalí.

Pasos para hacer compost

En un espacio de aproximadamente un metro cuadrado de tierra, cavar una pequeña fosa de no más 30 cm, e intercalar entre hojas secas, basura orgánica, tierra fértil y una capa más de hojas secas. “Se pueden juntar los materiales orgánicos por semana, para tener un buen volumen e ir repitiendo el procedimiento con cada carga. Es importante cubrir con la tierra y las hojas, para evitar las indeseables moscas y otros insectos”, finaliza Jorge.

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ABC COLOR

Modificado por última vez enMiércoles, 05 Septiembre 2018 13:14
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