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Biotecnología: herramienta que combate el cambio climático y garantiza la seguridad alimentaria

Archivos científicos

 

La necesidad de producir alimentos para el mundo sin dañar sustancialmente los recursos naturales, llevó a miles de investigadores en el mundo a desarrollar semillas genéticamente modificadas. Paraguay no se queda atrás, ya que, desde principio de los años noventa hasta el día de hoy, el país se va consolidando cada vez más en el trabajo biotecnológico y en la aplicación de otras tecnologías para aumentar la producción de alimentos sin dañar el medioambiente.

 

 

Hasta mediados de los años ochenta, la actividad agrícola en Paraguay utilizaba directamente la fertilidad natural de los suelos desmontados, es decir, despojados de bosques por acción humana. Tanto es así que la agricultura carecía totalmente de sistemas de producción que incorporen prácticas de conservación de los recursos naturales, empezando por el propio suelo.

 

Ya en un periodo que abarca los años 1990 al 2003, el Estado paraguayo invirtió un poco más en el desarrolló de trabajos de investigación, transferencia y adopción de tecnologías orientadas al uso, manejo y recuperación de la fertilidad de los suelos. Estas mencionadas tecnologías son visibles en el campo hoy día y se trata de la siembra directa, rotación de cultivos con abonos verdes, implementación de curvas de nivel y protección de recursos hídricos.

 

Todo esto es bien conocido, principalmente para los agricultores que dedican su vida al abastecimiento de alimentos para todos los habitantes, pero de lo que nadie habla es del arduo trabajo de investigación de miles de paraguayos que desarrollaron y siguen desarrollando variedades de semillas genéticamente modificadas con capacidades de resistencia al cambio climático y preparadas para la nula aplicación de productos químicos que dañen el medioambiente.

 

Cambio climático y producción de alimentos para el mundo

 

Los cálculos de la Organización de las Naciones Unidas estiman que para el año 2050 se triplicará la cantidad de personas en el mundo, por lo que la demanda de alimentos será mayor (alrededor de 9.000 millones de personas que deban comer 3 veces al día todos los días); las estadísticas dan miedo y es motivo de preocupación para los científicos de todo el mundo, ya que uno de los factores de la contaminación y el cambio climático recae en la cantidad de alimentos que deben producirse para abastecer a esa cantidad de personas.

 

Entonces, ¿qué hacer ante esta posible catástrofe? Pues, hasta ahora, los biólogos e ingenieros desarrollan, mediante la biotecnología, herramientas que permitan producir alimentos sin impactar de forma negativa en el medioambiente.

 

Biotecnología en Paraguay

 

Recientemente el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA, por sus siglas en inglés) publicó un informe sobre adopción mundial de cultivos biotecnológicos en el mundo, en el que Paraguay se ubica como el sexto país con mayor área de cultivos biotecnológicos.

 

“En Paraguay existen 40 eventos transgénicos liberados por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas durante los últimos 10 años. Entre ellos se destacan cultivos de maíz, soja, sésamo, algodón y otros, resistentes a plagas y al estrés hídrico. Igualmente existe un marco regulatorio respecto a las actividades biotecnológicas”, dijo Estela Ojeda, gerente general del Instituto de Biotecnología Agrícola.

 

Destaca que son miles los investigadores paraguayos que trabajan en la liberación de una variedad de semilla modificada. “Tenemos claro el panorama mundial, y nuestra visión es trabajar para seguir siendo un país abastecedor de alimentos para el mundo, sin destruir nuestros valiosos recursos naturales. La biotecnología y los cultivos transgénicos no son nocivos como se piensa. De hecho, la biotecnología es una herramienta que permite crear medicinas, vacunas y curar enfermedades, no solo trabaja en la modificación de alimentos”, expresó Ojeda.

 

Entonces, muchos son los protagonistas que hacen posible tener un mejor potencial de rendimiento de cultivos y adaptabilidad a nivel país. Uno de ellos es el ingeniero agrónomo Aníbal Morel, investigador del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA). “Para lograr el cruzamiento y la liberación de una nueva variedad de soja o maíz en Paraguay se necesitan, como mínimo, diez años de estudio. En aproximadamente ocho años se estabiliza el material genético, y luego se inicia el proceso de evaluación experimental en distintas zonas del país, que dura por lo menos dos a tres años”.

 

Alegó que los materiales genéticos promisorios que se están lanzando deben ser iguales o superiores a los que se están comercializando actualmente, en caso contrario, no se podrán hacer las recomendaciones pertinentes. “Lo que se busca es potenciar el rendimiento en todo el país y adaptar las variedades al clima de cada región. Otra de las principales funciones de estos materiales es darle la posibilidad al productor de poder combatir eficazmente a la roya de la soja”, refirió.

 

Variedades nacionales genéticamente modificadas

 

Son muchos los proyectos de mejoramiento genético que existen en nuestro país, pero resumiremos los más relevantes, aquellos que tuvieron trascendencia y que hasta el día de hoy son utilizado en los sistemas de producción sostenible de Paraguay.

 

“El trigo es un cereal necesario que consumimos en los panificados, las pastas y todas aquellas comidas que tengan harina. Sin embargo, su producción iba decayendo cada vez más debido al cambio climático, al exceso de calor y sequía en los campos. El trigo es un cultivo de invierno, por lo que no es tolerante a altas temperaturas, es por eso que mediante la modificación genética de la semilla hicimos que tenga un mejor potencial de rendimiento y que sea resistente a enfermedades, altas temperaturas y falta de agua”, explicó Mohan Koli, técnico encargado del Proyecto de Fortalecimiento de la Investigación de Trigo, impulsado por el IPTA.

 

Las nuevas variedades paraguayas del trigo mejoradas en los últimos 20 años son: Canindé 21, Canindé 31, Itapúa 75, Itapúa 80, Itapúa 85, Itapúa 90 e Itapúa 95.

 

En cuanto al mejoramiento genético de granos como la soja, la ingeniera Estela Ojeda manifestó que los objetivos de las nuevas variedades son reducir las áreas de cultivo en el país, disminuir la aplicación de agroquímicos y aumentar los rendimientos de cosecha. “Para lograr todos estos objetivos trabajamos por varios años en el desarrollo de las semillas nacionales de la marca Sojapar. Estas variedades ya fueron liberadas comercialmente y son utilizadas por los agricultores, logrando resultados óptimos y la preservación de la tierra, los bosques y la sanidad de los cauces hídricos más importantes del país”, refirió la profesional.

FUENTE UGP

 

Modificado por última vez enMiércoles, 10 Febrero 2021 11:24
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